viernes, 3 de diciembre de 2010

AL RIO, DE EDGAR ALLAN POE.


¡Hermoso río! en el resplandor, clara corriente
de cristal, errante agua.
Eres un emblema del brillo,
de la belleza, del corazón que no huye,
la juguetona sombra de arte
en la hija del viejo Alberto;

pero cuando ella mira en tu ola,
que entonces reluce, y tiembla,
pues, entonces, el más bonito de los arroyos
se parece a su adorador;
ya que en su corazón, como en tu corriente
la imagen yace profundamente,
el corazón de él que tiembla ante el rayo de luz
de los otros ojos, que barren el alma.

MADRE TIERRA, DE HOWARD PHILLIPS LOVECRAFT.

Una noche, vagando, bajé por el talud de un hondo valle, húmedo y silencioso. Su aire estancado exhalaba un vaho de podredumbre y una frialdad que me hacían sentir enfermo y débil.

Los árboles, numerosos a cada lado, se cerraban como una banda espectral de trasgos, Y las ramas contra el cielo menguante tomaban formas que me daban aterradoras. Sin saber por qué, seguí avanzando.

Parecía buscar alguna cosa perdida como la alegría o la esperanza, pero pese a todos mis esfuerzos no pude encontrar más que los fantasmas de la desesperación.

Los taludes se estrechaban cada vez más.

Pronto, privado de la luna y las estrellas, me vi encerrado en una grieta rocosa tan vieja y honda que la piedra respiraba cosas primitivas y desconocidas. Mis manos, explorando, intentaban rastrear los rasgos del rostro de aquel valle, hasta que en el musgo parecieron encontrar un perfil espantoso.

Ninguna forma que mis ojos esforzados puediesen captar era reconocible.

Pues lo que tocaba hablaba de un tiempo remoto para el paso efímero del hombre. Los líquenes colgantes, húmedos y canosos, me impedían leer la antigua historia.

Un agua oculta, goteando quedamente, me susurraba cosas que no habría debido saber.

...mortal, efímero y osado, guarda para ti lo que cuento, piensa a veces en lo que ha sido, y en las escenas que han visto estas piedras desmoronadas. En conciencias ya viejas antes que tus débiles ancestros apareciesen, y en criaturas que todavía respiran aunque no parezcan vivos a los humanos.

Yo soy la voz de la Madre Tierra, de la que nacen todos los horrores...

RETURN TO INNOCENCE, DE ENIGMA.

NIRVANA, DE EL BOSCO.

jueves, 2 de diciembre de 2010

ELLA, 4ª Parte: Una mala noticia.



 
 
Nada más llegar al jardín de esta Mansión, dos jovenes señoritas, que estaban cortando unas rosas del jardín, al percatarse de mi presencia, comenzaron a gritar y acercarse a mí corriendo, en un instante las tenía a las dos colgadas de mi cuello y besandome en las mejillas.
 
-¿Has regresado?, ¿Estas de vuelta?- gritaba una de ellas.
-¡Que alegría, el tenerte de nuevo aquí!- chillaba la otra. 
-¡A ver, a ver!, ¿Es esta la forma de comportarse de dos señoritas?- les pregunté en un tono algo serío.
-¡Siiii!- contestaron al unísono, ambas chicas, mientras seguían abrazandome.
-¡Vamos, entra! Padre y Madre estaran contentos de verte.- me propuso una de las señoritas, mientras se descolgaban ambas de mi cuello.
-¡Venga, vamos! No les hagas esperar.- me dijo la otra, mientras me empujaba hacia la entrada de aquella casa.
-¿Y vuestro hermano?- les pregunté.
-Nuestro hermano sigue estudiando fuera.- me contestó una de ellas.
-Es una pena tenía ganas de verlo a él también, siempre hemos tenido una buena amistad.- añadí.
 
Las dos gemelas me llevaron hasta un salón, donde estaba servido el desayuno, colocaron las rosas en unos jarrones que había en la mesa junto a la comida y después, gritaron a la vez:
-¡Padre, Madre; venid, tenemos visita!
 
En un momento sus Padres entraron en la sala.
 
-¿Pero que escándalo es este?, ¿a qué vienen esos gritos?- preguntó el hombre.
-Buenos dias, Tio.- le respondí.
-¡Querido!- me dijo mi Tia, mientras me abrazaba, y me daba un par de besos en las mejillas.- ¿cuanto tiempo sin veros?
-¡Lo lamento! Verdaderamente ha sido mucho tiempo desde mi partida. He estado viajando mucho por todo el mundo.- le dije.
-¿No te da vergüenza? Han sido más de cinco años, desde vuestra partida a Viena.- me recriminó mi Tio.- ¡Ven aquí y dale un abrazo a tu viejoTio! 
-No digais eso Tio, no sois tan viejo, tan solo un hombre curtido y experimentado.- le dije en tono algo burlesco.
 
Su abrazo fue fuerte, como lo es él, con unas palmadas en la espalda, que incluso dolieron.
 
-¡Seremos uno más a la mesa!.- informó mi Tio a la servidumbre.
-¡En seguida, Señor!.- respondió uno de los asistentes.
-¡Sentaos, sobrino!- me pidió mi Tia.- Pareceis hambriento y cansado.
-¡Gracias, Tia!- le agradecí.
 
Durante el desayuno les conté cual había sido el motivo de mi regreso a España, esa carta que me envió la Madre de Ella pidiendome que volviese lo antes posible, y todos, absolutamente todos cambiaron el semblante de sus rostros, incluido los criados.
 
-¿Que os pasa, ocurre algo?- pregunté al ver sus rostros.
 
Todos se miraban unos a otros, como esperando a ver quien respondía a mi pregunta, parecía como si nadie quisiera contestar, como si temieran responderme, esta situación empezaba a preocuparme...
 
-Por amor de Dios, respondedme, me estáis preocupando, ¿que es lo que sucede?- les pregunté algo angustiado. 
-¡Querido!- me dijo mi Tia en un tono muy apenado.- Siento ser yo quien os de esta noticia tan terrible, pero hace ya unos quince días que Ella murió.
 
Al escuchar esto, solté los cubiertos que sostenía en las manos, produciendo un gran escándalo al golpear sobre los platos. Sentía como si un rayo hubiese atravesado mi cuerpo. ¡No, no es posible, Ella muerta! Murió antes de recibir aquella carta de su Madre. Pudiera ser que aquel mal presentimiento que tenía antes de la llegada de aquella carta, fuese por la muerte de Ella. Mi viaje ha sido en vano. No he llegado ha verla con vida.
Me quedé paralizado por momentos, parecía como si mi corazón se hubiese quebrazo y dejado de latir, pero ¡no!, aún estoy con vida, por lo tanto mi corazón sigue latiendo.
 
-Tengo que partir enseguida.- les informe mientras me ponía en pie, con lágrimas en los ojos.
-Pero si apenas habeis comido, y mirate, estais agotado.- me dijo mi Tia.- por lo menos descansad un poco, solo un par de horas.
-No puedo perder más tiempo, Tia. Os lo agradezco mucho, pero quiero llegar hoy mismo a la Villa.- le respodí.
 
Me volví hacia mi Tio y le pedí:
 
-¡Tio! Necesito un caballo fresco, para continuar viaje.
-Preparadlo, lo antes posible.- dijo a uno de sus criados.
 
Me prepararon un hermoso corcel negro, con unas brillantes y largas crines. Era un precioso caballo Cartujano, los mejores caballos del mundo.
 
-Tio, no puedo pagaros por este caballo ahora mismo, os mandaré la valía que le pongáis en cuanto me sea posible.- le dije.
-Es el orgullo de mi cuadra, pero es tuyo.- me dijo.
-¡Pero Tio, no puedo aceptarlo es un animal muy valioso!- le repliqué.
-Lo compré hace unos años, cuando era un potrillo, para vos. Quería entregároslo en cuanto volviérais a España, y así ha sido. A veces llegué a pensar que nunca os lo podría entregar, y creo que es el momento más oportuno. Vuestras Primas lo bautizaron con el nombre de "Lucero Negro".- me explicó.
-Gracias Tio, es un animal magnífico.- le agradecí.
 
Subí a lomos del caballo y cuando me marchaba, me detuve un momento contemplando la hermosa rosaleda del jardín, me volteé hacía mis Tios y mis Primas, parecian como si hubiesen adivinado mis intenciones, ya que todos asentaron con la cabeza, como dandome permiso.
Entonces corté dos de aquellas hermosas rosas, que guardé cuidadosamente en mis alforjas.
Continué mi camino hasta llegar a la gran verja de la entrada, me volví para despedirme saludandoles con la mano, a lo que todos respondieron de igual modo.
Acaricié el cuello de mi montura, e inclinandome un copo, le hablé al oido:
-Querido Lucero Negro, me temo que te vas a arrepentir de haberme conocido.
 
Y salí de allí lo más rápido que este caballo pudiese llevarme. Era un magnífico caballo muy fuerte y muy veloz, justo lo que necesitaba en estos momentos.
 

VINO DE LAS HADAS, DE PERCY SHELLEY.

Me embriagué de aquel vino de miel
del capullo lunar que las hadas
recogen en copas de jacinto:
los lirones, murciélagos y topos
duermen en las grietas o en la hierba,
en el patio desierto y triste del castillo;
cuando el vino derraman en la tierra de estío
o en medio del rocío se elevan sus vapores,
alegres se tornan sus venturosos sueños
y, dormidos, murmuran su alborozo; pues son pocas
las hadas que portan tan nuevos esos cálices.

LA MOSCA, DE WILLIAM BLAKE.

Pequeña mosca,
tus juegos veraniegos
fueron truncados
por mi descuidada mano.

¿No soy yo
una mosca como tú?
¿O no eres tú
un hombre como yo?

Porque bailo
y bebo, y canto
hasta que alguna mano ciega
me arranque el ala.

Si el pensamiento es vida,
fortaleza y aliento;
y la ausencia
de pensamiento es muerte;

entonces yo soy
una mosca feliz,
ya vivo, ya muerto.