martes, 10 de abril de 2012

ESPÍRITU SIN NOMBRE, DE GUSTAVO ADOLFO BÉCQUER.


Espíritu sin nombre,
indefinible esencia,
yo vivo con la vida
sin formas de la idea.

Yo nado en el vacío del sol,
tiemblo en la hoguera,
palpito entre las sombras
y floto con las nieblas.

Yo soy el fleco de oro
de la lejana estrella,
yo soy de la alta luna
la luz tibia y serena.

Yo soy la ardiente nube
que en el ocaso ondea,
yo soy del astro errante
la luminosa estela.

Yo soy nieve en las cumbres,
soy fuego en las arenas,
azul hondo en los mares
y espuma en las riberas.

En el laúd soy nota,
perfume en la violeta,
fugaz llama en las tumbas
y en las ruinas yedra.

Yo atrueno en el torrente
y silbo en la centella
y ciego en el relámpago
y rujo en la tormenta.

Yo río en los alcores,
susurro en la alta hierba,
suspiro en la onda pura
y lloro en la hoja seca.

Yo ondulo con los átomos
del humo que se eleva
y al cielo lento sube
en espiral inmensa.

Yo en los dorados hilos
que los insectos cuelgan
me agito entre los árboles
en la ardorosa siesta.

Yo corro tras las ninfas
que en la corriente fresca
del cristalino arroyo
desnudas juguetean.

Yo en bosques de corales
que alfombran blancas perlas,
persigo en el océano
las náyades ligeras.

Yo en las cavernas cóncavas
donde el sol nunca penetra,
mezclándome a los gnomos
contemplo sus riquezas.

Yo busco de los siglos
las ya borradas huellas
y sé de esos imperios
de que ni el nombre queda.

Yo sigo en raudo vértigo
los mundos que voltean,
y mi pupila abarca
la creación entera.

Yo sé de esas regiones
a donde el rumor no llega,
y donde informes astros
de vida un soplo esperan.

Yo soy sobre el abismo
el puente que atraviesa,
yo soy la ignota escala
que el cielo une a la tierra.

Yo soy el invisible
anillo que sujeta
el mundo de la forma
al mundo de la idea.

Yo en fin soy ese espíritu,
desconocida esencia,
perfume misterioso
del que es vaso el poeta.

domingo, 8 de abril de 2012

AMOR, DE DELMIRA AGUSTINI.


Yo lo soñé impetuoso, formidable y ardiente;
hablaba el impreciso lenguaje del torrente;
era un mar desbordado de locura y de fuego,
rodando por la vida como un eterno riego.

Luego lo soñé triste, como un gran sol poniente
que dobla ante la noche la cabeza de fuego;
después rió, y en su boca tan tierna como un ruego,
sonaba sus cristales, el alma de la fuente.

Y hoy sueño que es vibrante, y suave, y riente, y triste,
que todas las tinieblas y todo el iris viste;
que, frágil como un ídolo y eterno como Dios,
sobre la vida toda su majestad levanta:
y el beso cae ardiendo a perfumar su planta
en una flor de fuego deshojada por dos...

viernes, 6 de abril de 2012

LÁGRIMAS, INDOLENTES LÁGRIMAS; DE LORD ALFRED TENNYSON.


Lágrimas, indolentes lágrimas, no sé qué significan:
lágrimas que desde lo profundo
de alguna divina desesperación
se alzan en la esencia del corazón,
y se reúnen en torno a los ojos
al contemplar los alegres campos de otoño,
pensando en los días que ya nunca serán.

Frescas como el primer rayo brillante sobre la vela,
convocando a nuestros amigos del inframundo,
triste como el último lamento agónico
que se hunde en el abismo con todo lo que amamos,
tan tristes, tan frescas, como los días que ya no serán.

Tristes y extrañas como los oscuros crepúsculos del verano,
las primeras voces de las aves cantaron
sobre los oídos muertos, junto a los muertos ojos
que contemplan la mañana trepando sobre la ventana;
tan tristes, tan frescos, como los días que ya no serán.

Amados como el recuerdo de los besos tras la muerte,
y dulces como la indiferente fantasía fingida
sobre aquellos labios que serán de otro;
profundas como el Amor,
profundas como el primer Amor,
salvajes huellas de un pálido remordimiento.
Oh, amarga Muerte en Vida, ellas son el lamento
por los días que ya nunca serán.

miércoles, 4 de abril de 2012

LA FLOR DEL AMOR, DE OSCAR WILDE.


Amor, no te culpo, pues mía ha sido la culpa,
al no ser creado por la arcilla común.
Escalé la mayor de las alturas, inalcanzable;
ví el aire pleno, el día más grande.

Desde lo salvaje de mi desperdiciada pasión
fui asaltado por una mejor, más clara canción.
Encendí una ligera luz de abnegada libertad,
luché contra la envilecida cabeza de Hidra.

Han sido mis labios barridos
hacia la música por tus besos, y han sangrado,
y tu has caminado junto a los ángeles
en aquella planicie verde y esmaltada.

He andado por el camino donde Dante
contempló los soles brillando sobre siete círculos,
¡Ah! Tal vez observó a los cielos expandiéndose,
como si se abriesen sobre Florencia.

Y las naciones poderosas que me han coronado,
a mí, que sin corona yazgo sin nombre,
y algún crepúsculo oriental me ha encontrado
de rodillas sobre el umbral de la Fama.

Me he sentado en el círculo de mármol
donde el viejo bardo es igual al joven,
donde la pipa siempre gotea su miel,
y las cuerdas de la lira siempre vibran.

Keats levantó los rizos de su himeneo
desde el vino de las amapolas,
con su boca de ambrosía besó mi frente,
envolviendo el amor noble que hay en mí.

Y en la primavera, cuando las flores del manzano
tiñen el seno de las palomas,
en la hierba yacen dos amantes
que han leído la historia de nuestro amor.

Han leído la leyenda de mi pasión,
y conocido el secreto amargo de mi corazón,
besándose como nosotros nos hemos besado,
pero nunca lejos como nosotros lo estamos.

Pues la flor carmesí de nuestra vida
es devorada por el gusano de la verdad,
y ninguna mano recogerá
los marchitos pétalos de la rosa de la juventud.

Sin embargo, no me arrepiento de amarte,
¿qué otra cosa puede hacer un muchacho?
Los ávidos dientes del tiempo corroen,
persiguiendo las silenciosas huellas de los años.

El timón nos balancea en la tempestad,
y cuando la tormenta de la juventud haya pasado,
sin liras, sin laúd y sin coro,
la tranquila muerte del navegante finalmente llega.

Y dentro de la tumba no hay placer,
el ciego gusano consume las raíces,
y el Deseo se estremece en cenizas,
y el árbol de la pasión no da frutos.

¿Qué otra cosa puedo hacer sino amarte?
La propia madre de Dios me es menos querida,
y menos aún la dulce Afrodita
elevándose como un lirio plateado sobre el mar.

He tomado mi decisión, he vivido mis poemas
y aunque la juventud se haya perdido en indolentes días;
he descubierto que la corona de mirto del amante
es mejor que la del laurel sobre el poeta.

martes, 3 de abril de 2012

POEMA DEL SECRETO, DE JOSÉ ÁNGEL BUESA.

Puedo tocar tu mano sin que tiemble la mía,
y no volver el rostro para verte pasar.
Puedo apretar mis labios un día y otro día...
y no puedo olvidar.
Puedo mirar tus ojos y hablar frívolamente,
casi aburridamente, sobre un tema vulgar,
puedo decir tu nombre con voz indiferente...
y no puedo olvidar.
Puedo estar a tu lado como si no estuviera,
y encontrarte cien veces, así como al azar....
puedo verte con otro, sin suspirar siquiera,
y no puedo olvidar.
Ya ves: tú no sospechas este secreto amargo,
más amargo y profundo que el secreto del mar...
porque puedo dejarte de amar, y sin embargo...
no te puedo olvidar.

domingo, 1 de abril de 2012

LA BELLEZA, DE CHARLES BAUDELAIRE.


Yo soy Bella, ¡oh mortales! como un sueño de piedra,
y mi seno que a todos eternamente torturó,
ha sido creado para inspirar amor a los poetas.

Eterna e incólumne, como la materia.
Incomprendida esfinge, reino en azul;
el níveo corazón junto a la blancura del cisne;
detesto el movimiento que desplaza las líneas.

Yo jamás lloré, como tampoco jamás reí.
Los poetas, ante mis gestos altivos,
que recuerdan antiguos monumentos,
consumen sus días en penosa labor.

Que para fascinar a estos dóciles amantes
tengo puros espejos que embellecen las cosas:

Mis ojos, mis dos enormes pozos de eternidad.