domingo, 16 de septiembre de 2012
jueves, 13 de septiembre de 2012
FUE AL PASAR, DE DELMIRA AGUSTINI.

Yo creí que tus ojos anegaban el mundo...
Abiertos como bocas en clamor... Tan dolientes
que un corazón partido en dos trozos ardientes
parecieron... Fluían de tu rostro profundo
como dos manantiales graves y venenosos...
fraguas a fuego y sombra, ¡tus pupilas!... tan hondas
que no sé desde dónde me miraban, redondas
y oscuras como mundos lontanos y medrosos.
¡Ah, tus ojos tristísimos como dos galerías
abiertas al Poniente!... ¡Y las sendas sombrías
de tus ojeras donde reconocí mis rastros!...
¡Yo envolví en un gran gesto mi horror como en un velo,
y me alejé creyendo que cuajaba en el cielo
la medianoche húmeda de tu mirar sin astros!
martes, 11 de septiembre de 2012
sábado, 8 de septiembre de 2012
POR QUÉ ELLA SE LAMENTA, DE D. H. LAWRENCE.
Calla y dime
¿Por qué lloras?
Somos tu y yo
los mismos de antes.
Si oyes un lamento
es sólo un conejo
volviendo a su agujero,
en un momento.
Si algo se agita en las ramas,
es el paseo inquieto de las ardillas,
abrumadas por nosotros, debajo,
amándonos.
¿Por qué lloras entonces?
¿Le temes a Dios
en la oscuridad?
Yo no le temo.
Deja que venga.
Si se oculta entre las hojas,
deja que venga.
Ahora, en el día fresco, somos nosotros
los que andamos entre los árboles
llamando a Dios: ¿dónde estás?
y es él quien se oculta.
¿Por qué lloras?
Mi corazón es amargo.
deja que venga a justificar
sus actos, ahora.
¿Porqué lloras?
Pero si puedes sufrir
entonces llora, por la memoria
de nuestra vieja justicia.
Nos hemos equivocado
muchas veces;
pero esta vez comenzamos
a hacerlo bien.
Llora, entonces, llora
por la abominación de nuestra justicia.
Dios seguirá oculto.
Él nunca vendrá.
jueves, 6 de septiembre de 2012
martes, 4 de septiembre de 2012
MISTERIO, DE D. H. LAWRENCE.
Soy un enorme
tazón de besos,
como el alto
y delgado cuenco
llenado en Egipto
para los excesos de Dios.
Alcé hacia ti
mi tazón de besos,
y a través del receso
azul del templo,
lloré hacia ti
con salvajes caricias.
Y hacia mis labios
la pasión deslizó
un rubor brillante,
y por mi silueta
blanca y delgada fluyó
el himno tonante.
De pie frente al altar
ofrecí el cáliz,
y lloré hacia el cielo,
para que te inclines
y bebas, oh, Señor.
Oh, bebed mi cuerpo,
que tal vez yo sea
el interior del cuenco,
como un misterio,
como el vino inmóvil
en el éxtasis.
Brillantes todavía
en el éxtasis,
vinos mezclados
de ti y de mí,
en un completo
y absoluto Misterio.
domingo, 2 de septiembre de 2012
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