viernes, 9 de agosto de 2013

INSOMNIA, DE DANTE GABRIEL ROSSETTI.


Delgadas son las faldas que la noche dejó atrás,
antes de que el día quiebre el cielo con su crepitar.
Delgados son los jirones del sueño,
oscilando en el espíritu cansado del viento;
pero en medio de aquel reposo inquieto
que desgarra la trama del olvido y el recuerdo,
mi alma se estira hacia la tuya,
cada vez más cerca.

Nuestras vidas nunca se unen;
nuestros pensamientos nunca se distancian,
aquello que aferra tu corazón al mío,
parece disolverse en un brillo sombrío.
Esta noche, el Amor ejerce un control total,
y con deseo y con pesar,
mi alma se arrastra hacia la tuya,
cada vez más cerca.

¿Existe un hogar, dónde la pesada tierra
se derrita en el aire brillante,
y dónde el mal no se respire;
dónde el agua barra el eco de la sed,
y el fuego sea el reflejo de nuestra fe?
Si la voluntad yace atada al objetivo,
tal vez allí pueda su esperanza engendrar.
Mi alma, en esta hora desolada,
se agita hacia la tuya,
cerca, siempre un poco más.

miércoles, 7 de agosto de 2013

A SALVO EN SUS CÁMARAS DE ALABASTRO, DE EMILY DICKINSON.


A salvo en sus cámaras de alabastro,
insensibles al amanecer y al mediodía,
duermen los mansos miembros de la resurrección,
vigas de raso, y techos de piedra.

La luz se ríe de la brisa en su castillo,
sobre ellos susurra la abeja en un oído imperturbable,
trinan los dulces pájaros en melodías ignoradas,
-Ah, ¡Cuánta sagacidad yace aquí muerta!

Solemnes pasan los años, crecientes,
sobre ellos los mundos recogen sus arcos y los firmamentos reman,
se arrojan diademas y se rinden los sabuesos
tácitos como puntos sobre un disco de nieve.

domingo, 4 de agosto de 2013

EL DESTINO DE UNA RANA, DE CHRISTINA ROSSETTI.


Desdeñando su casa en el pueblo
y la charca del pueblo,
una Rana imponente despreció cada camino
saltando por la carretera del imperio.

Ni cerdo feroz ni perro ladrador
podrían desconcertar a tan majestuosa Rana.
Aún se demoraba el rocío de la mañana,
sus costados se helaban, su lengua se entumecía:
Cuando la noche debía llegar, llegó primero el rocío,
y fue rechazado por nuestra peregrina Rana.

¡Pero, ay! La hierba del camino la esconde
Ya no se la advierte saltando.
Desprevenidamente rodaba un ancho carro
que la aplastó, arrolló sus alegrías, sus encantos.
Y del morir ahogado brotó un débil canto
rompiendo el silencio perpetuo de la Rana:
Vosotras, Ranas boyantes, vosotras, pequeñas y grandes,
¡Incluso yo soy mortal después de todo!
Mi camino a la fama resultó un camino de lodo;
fallezco sobre la horrible carretera;
¡Ah, mi viejo camino familiar!

La Rana ahogada sollozó y partió;
el Áuriga pasó silbando a zancadas,
inconsciente de la infame matanza,
silbando el Áuriga cruzó,
silbando (podría decirse)
como silban su cortejo las ranas.
Una rana hipotética atropellada,
ignorante de la realidad.

Oh, ricos y pobres, oh grandes y pequeños,
tales descuidos nos sacuden.
Una Rana destrozada lo tolera todo,
una Rana tan insignificante como absoluta:
Aquella Rana hipotética y sola
es la Rana sobre la que habitamos.

jueves, 1 de agosto de 2013

AL SUEÑO, DE FRANCISCO DE QUEVEDO.


¿Con qué culpa tan grave,
sueño blando y suave,
pude en largo destierro merecerte
que se aparte de mí tu olvido manso?
Pues no te busco yo por ser descanso,
sino por muda imagen de la muerte.
Cuidados veladores
hacen inobedientes mis dos ojos
a la ley de las horas;
no han podido vencer a mis dolores
las noches, ni dar paz a mis enojos.
Madrugan más en mí que en las auroras
lágrimas a este llano;
que amanece a mí mal siempre temprano.
y tanto, que persuade la tristeza
a mis dos ojos, que nacieron antes
para llorar que para ver. Tú, sueño,
de sosiego los tienes ignorantes,
de tal manera, que al morir el día
con luz enferma vi que permitía
el sol que le mirasen en poniente.
Con pies torpes al punto, ciega y fría,
cayó de las estrellas blandamente
la noche, tras las pardas sombras mudas,
que el sueño persuadieron a la gente.
Escondieron las galas a los prados
y quedaron desnudas
estas laderas, y sus peñas, solas;
duermen ya entre sus montes recostados
los mares y las olas.
si con algún acento
ofenden las orejas,
es que entre sueños dan al cielo quejas
del yerto lecho y duro acogimiento,
que blandos hallan en los cerros duros.
Los arroyuelos puros
se adormecen al son del llanto mío,
y a su modo también se duerme al río.
Con sosiego agradable
se dejan poseer de ti las flores;
mudos están los males,
no hay cuidado que hable,
faltan lenguas y voz a los dolores,
y en todos los mortales
yace la vida envuelta en alto olvido.
Tan sólo mi gemido
pierde el respeto a tu silencio santo:
yo tu quietud molesto con mi llanto,
y te desacredito
el nombre de callado, con mi grito.
Dame, cortés mancebo, algún reposo:
no seas digno del nombre de avariento
en el más desdichado y firme amante
que lo merece ser por dueño hermoso.
Débate alguna pausa mi tormento.
Gózante en las cabañas
y debajo del cielo
los ásperos villanos;
hállate en el rigor de los pantanos
y encuéntrate en las nieves y en el hielo
el soldado valiente
y yo no puedo hallarte, aunque lo intente,
entre mi pensamiento y mi deseo
Ya, pues, con dolor creo
que eres más riguroso que la tierra.
Más duro que la roca,
pues te alcanza el soldado envuelto en guerra,
y en ella mi alma por jamás te toca.
Mira que es gran rigor: dame siquiera
lo que de ti desprecia tanto avaro,
por el oro en que alegre considera,
hasta que da la vuelta el tiempo claro;
lo que había de dormir en blando lecho
y da el enamorado en su señora,
y a ti se te debía de derecho.
Dame lo que desprecia de ti agora
por robar el ladrón; lo que desecha
el que envidiosos celos tuvo y llora.
Quede en parte mi queja satisfecha,
tócame con el cuento de tu vara;
oirán siquiera el ruido de tus plumas
mis desventuras sumas;
que yo no quiero verte cara a cara,
ni que hagas más caso
de mí, que hasta pasar por mi de paso;
o que a tu sombra negra por lo menos,
si fueses a otra parte peregrino,
se le haga camino
por estos ojos de sosiego ajenos;
quítame, blando sueño, este desvelo,
o de él alguna parte,
y te prometo, mientras viere el cielo
de desvelarme sólo en celebrarte.

martes, 30 de julio de 2013

BAJO EL BALCÓN, DE OSCAR WILDE.

 
 

¡Oh, hermosa estrella de boca carmesí!
¡Oh, luna de cejas doradas!
¡Se elevan, se elevan desde el fragante sur!
Iluminan el sendero de mi amor,
para que sus delicados pies no se extravíen
en el viento que corre por la colina.
¡Oh, hermosa estrella de boca carmesí!
¡Oh, luna de cejas doradas!

¡Oh, bote que te agitas en el desolado mar!
¡Oh, barco de húmedas, blancas velas!
¡Vuelve, vuelve hasta el puerto por mi!
¡Pues mi amada y yo deseamos ir
a la tierra en la que los narcisos soplan
sobre el corazón de un valle púrpura!
¡Oh, bote que te agitas en el desolado mar!
¡Oh, barco de húmedas, blancas velas!

¡Oh, fugaz ave de graves, dulces notas!
¡Oh, ave que descansas en el rocío!
¡Canta, canta con tu voz suave en el vacío!
¡Mi amor en su pequeño lecho
te escuchará, alzará su cabeza de la almohada
y seguirá mi camino!
¡Oh, fugaz ave de graves, dulces notas!
¡Oh, ave que descansas en el rocío!

¡Oh, flor que cuelgas en el aire trémulo!
¡Oh, flor de labios nevados!
¡Desciende, desciende hasta el cabello de mi amor!
¡Has de morir en su cabeza como una corona,
has de morir en un pliegue de sus vestidos,
En el pequeño brillo de su corazón has de reposar!
¡Oh, flor que cuelgas en el aire trémulo!
¡Oh, flor de labios nevados!

domingo, 28 de julio de 2013

EL LETEO, DE CHARLES BAUDELAIRE.


Ven sobre mi corazón, alma cruel y sorda,
tigre adorado, monstruo de aires indolentes;
quiero, por largo rato sumergir mis dedos temblorosos
en el espesor de tu melena densa;

en tus enaguas saturadas de tu perfume
sepultar mi cabeza dolorida,
y aspirar, como una flor marchita,
el dulce relente de mi amor difunto.

¡Quiero dormir! ¡Dormir antes que vivir!
En un sueño tan dulce como la muerte,
yo derramaré mis besos sin remordimiento,
sobre tu hermoso cuerpo pulido como el cobre.

Para absorber mis sollozos sosegados
nada equiparable al abismo de tu lecho;
el olvido poderoso mora sobre tu boca,
y el Leteo corre en tus besos.

A mi destino, en lo sucesivo, mi delicia,
yo obedeceré como un predestinado;
mártir dócil, inocente condenado,
del cual el fervor atiza el suplicio,

Yo absorberé, para ahogar mi tormento,
el nepente y la buena cicuta,
en los pezones encantadores de ese pecho agudo
que jamás aprisionó un corazón.

miércoles, 24 de julio de 2013

CUANDO VEAS MILLONES DE MUERTOS SIN BOCA, DE CHARLES HAMILTON SORLEY.


Cuando veas millones de los muertos sin boca
atravesando tus sueños en pálidos batallones,
no pronuncies palabras suaves como otros hombres,
pues no necesitas hacerlo.
No les regales elogios ¿cómo los sordos pueden saber
que no son maldiciones las que se acumulan en sus cabezas?
Tampoco lágrimas, sus ojos ciegos no pueden ver tu llanto.
Ni honor; es fácil estar muerto.
Sólo dí esto: Ellos están muertos; y luego agrega:
Muchos mejores han muerto antes.
Entonces, observa la multitud apretada,
y percibirás un rostro que antaño has amado.
Un espectro. Nadie viste aquel rostro abandonado.
La Gran Muerte hace tiempo los ha arrebatado.