viernes, 15 de agosto de 2014

SED NON SATIATA, DE CHARLES BAUDELAIRE.


Extravagante deidad, oscura como las noches,
 con perfume mezclado de almizcle y de habano,
 obra de algún obi, el Fausto de la sabana,
 hechicera con ijares de ébano, engendro de negras medias noches,

 yo prefiero a la constancia, al opio, a las noches,
 el elixir de tu boca donde el amor se pavonea;
 cuando hacia ti mis deseos parten en caravana,
 tus ojos son la cisterna donde beben mis hastíos.

Por esos dos grandes ojos negros, tragaluces de tu alma,
¡oh, demonio sin piedad! vierte sobre mí menos fuego;
 que no soy el Estigio para abrazarte nueve veces,

¡ay! y no puedo, Megera libertina,
 para quebrar tu coraje y dejarte en las últimas,
 en el infierno de tu lecho volverme Proserpina.

domingo, 13 de julio de 2014

EL GUSTO DE LA NADA, DE CHARLES BAUDELAIRE.




¡Triste espíritu, antaño amante de la lucha,
la Esperanza, cuya espuela excitaba tu ardor,
no quiere ya montarte! Échate sin pudor,
viejo caballo cuyas patas tropiezan en todos los obstáculos.

Resígnate, corazón mío; duerme tu sueño de bruto.

¡Espíritu vencido, extenuado! Para ti, viejo merodeador,
el amor no tiene ya sabor, ni tampoco la lucha;
¡adiós, pues, cantos del metal y suspiros de la flauta!,
¡placeres, no tentéis ya a un corazón sombrío y gruñón!

¡La adorable Primavera ha perdido su olor!

Y el Tiempo me devora minuto tras minuto,
como la nieve inmensa a un cuerpo afectado por la rigidez;
contemplo desde lo alto el globo de su redondez,
y ya no busco en él el abrigo de una choza.

Alud, ¿quieres arrastrarme en tu caída?

sábado, 7 de junio de 2014

LA MUSA VENAL, DE CHARLES BAUDELAIRE.





Oh, musa de mi corazón, amante de los palacios,
¿tendrás tú, cuando Enero suelte sus Bóreas,
durante los negros tedios de las nevadas veladas,
un tizón para calentar tus dos pies violáceos?

¿Reanimarás, pues, tus hombros marmóreos
en los nocturnos rayos que atraviesan los postigos?
Sintiendo tu bolsa tan seca como tu paladar,
¿recogerás tú el oro de las bóvedas azúreas?

Necesitas, para ganar tu pan de cada día,
como un monaguillo, manejar el incensario,
entonar Te Deum en el que nada crees,

o, saltimbanqui en ayunas, desplegar tus encantos
y tu risa humedecida de lágrimas invisibles,
para dilatar las carcajadas de la vulgaridad.