viernes, 19 de octubre de 2012

NOSTALGIA, DE H. P. LOVECRAFT.


Cada año, al resplandor nostálgico del otoño, las aves remontan el vuelo sobre un océano desierto, trinando y gorjeando con prisa jubilosa por arribar a una tierra clavada en su memoria. Grandes jardines colgantes donde se abren flores de vivos colores, hileras de mangos de gusto delicioso y arboledas que forman templos sobre frescos senderos... todo esto les revelan sus vagos sueños.

Buscan en el mar vestigios de su antigua costa, y la alta ciudad blanca, erizada de torres... Pero sólo las aguas vacías se extienden ante ellos, entonces dan media vuelta una vez más. Y mientras tanto, hundidas en un abismo infestado de extraños pólipos, las viejas torres añoran su canto perdido y recordado.

miércoles, 17 de octubre de 2012

NO HAY UN MAÑANA, DE ANN FINCH, CONDESA DE WINCHILSEA.


Largo tiempo han amado, y ahora la ninfa deseada
viste la mortaja del matrimonio, como lo requiere el caso;
urgida en el día donde su tristeza fue forjada,
él prometió casarse con ella mañana.
Una y otra vez lo juró, para aplacar la tormenta
que con sus votos habría de invocar.
El Mañana llegó en plácidas sucesiones;
impacientes cada uno en si, la dama encinta
lo conmina a mantener la palabra,
y el infame sostiene sus mentiras.
Cuando al final, agotado, sin compasión,
ajeno al remordimiento de la confesión,
por sus juramentos eligió el engaño, la ilusión
de que era libre cuando no había un Mañana.
Pues cuando llegó el momento
pensó que el mundo es Hoy,
que no hay dicha en el Mañana.

El cuento es fantasía, más su moral es verdadera;
mañana y mañana, nuestra juventud nos engaña:
En la decrepitud permanecerán las lágrimas.
El moribundo jamás piensa que hoy morirá;
deshecha todos los designios del Señor:
Para la mente despierta no hay un Mañana.

lunes, 15 de octubre de 2012

OLVIDO, DE JOHN BARLAS.


¡Olvido! ¿No es un nombre de la muerte?
No, no es la muerte del Leteo su más triste nombre,
es la muerte que crece hora tras hora dentro de nosotros,
muerte que penetra lenta en nuestra mente, el aliento
del alma en retroceso se permite una sentencia:
Hoy soy el mismo que fui ayer,
engaño, pues sus pensamientos
huyen como el humo de las llamas,
y como un manto de rocío extinguen su dolor.
Cambiante es el río, aunque las olas permanecen,
sus rocas nunca se adormecen
en las caricias de la espuma.
Cambiante es el río. Se ha ido hacia la fuente,
junto con el sueño del ayer y la fortuna del estío,
los pensamientos del corazón ya no regresarán.

jueves, 11 de octubre de 2012

EL NUEVO REMORDIMIENTO, DE OSCAR WILDE.


 
El pecado era mío; yo no lo entendía,
ahora en su cueva yace la melodía,
a salvo donde en vano agita la marea
los inquietos y escasos remolinos.
Y en el hueco marchito de esta tierra
el verano ha cavado tan profundo su tumba,
que apenas los sauces plomizos pueden desear
un dorado capullo en manos del invierno.

¿Pero quién es aquel que viene por la costa?
(No, Amor, mira hacia allí y maravíllate)
¿Quién es este que llega con prendas teñidas del sur?
Es tu nuevo Señor, y él habrá de besar
las encadenadas rosas de tus labios;
yo te adoraré en mi llanto, como lo hice antes.

martes, 9 de octubre de 2012

LOS RITOS FUNERARIOS DE LA ROSA, DE ROBERT HERRICK.

 
La rosa estaba enferma, y sonriendo murió;
y, siendo santificada,
junto al lecho suspiraba
la dulce hermandad floral.
Unas bajaban la cabeza, mientras otras llevaban
agua de la fuente para lavarla.
Unas la extendían, y otras lloraban,
pero todas solemne ayuno guardaban.
Las santas hermanas entre varias
las sagradas elegías y trenos cantaban.
Pero ah, ¡qué dulzuras se olían por doquier,
cual si el cielo hubiera vaciado sus todos los perfumes allí!
Al fin, cuando las oraciones fúnebres
y los ritos fueron completados,
llorando extendieron una tela herbosa
y la cubrieron como en una tumba.

domingo, 7 de octubre de 2012

LOS PLACERES DE LA MELANCOLÍA, DE THOMAS WARTON.

 
Madre de las Reflexiones, Sabia de la Contemplación,
cuya gruta está en la roca más alta de Tenerife,
en medio de la noche tempestuosa,
donde en una calma meditación sostenida
oyes con el ulular del viento azotando la lluvia
mientras su alabanza decae,
como si los cielos despejados brillasen,
y es sobre aquel azul sereno donde la pálida Cintia
hace rodar su carro de plata;
miras fijamente sobre la bóveda adornada,
mientras los murmullos indistintos de olas lejanas
suavizan tu oído pensativo con sonidos roncos y ásperos;
segura, bendita, escuchas el alboroto salvaje de las flotas,
¡solitaria, distante del hombre conversas con las esferas!
Guíame, Reina sublime, a las penumbras solemnes
tan cercanas a mi alegría; llévame a las sombras tristes
de los sitiales desgarrados, hacia los fragmentos del crepúsculo,
donde la pensativa Melancolía adora reflexionar
sobre sus sitios favoritos cubiertos de oscuridad.