No es en la crisis de los eventos
de una esperanza musical,
o en los actos de graves consecuencias,
donde la vida revela su profundidad.
El día de los días no está en el pasado,
en aquello que fue pospuesto, demorado;
la noche de la muerte
se llevó nuestra lámpara lejos,
sin ser la noche en la que, perplejo,
mi amada llegó bajo la luna en el espejo,
a través de los umbrales de la tersura.
Caminando sobre aquella tarde profunda,
dónde vimos las flores agitarse en el agua.
