miércoles, 7 de diciembre de 2011

PARA ANNIE, DE EDGAR ALLAN POE.

 

¡A Dios gracias! La crisis, el peligro ha pasado, y la pena interminable al fin concluyó, y esa fiebre llamada vivir fue vencida al final.

Tristemente, se que fui despojado de mi fuerza, y sin mover un músculo permanezco tendido. Más nada importa, yo siento que al fin me encuentro mejor.

Y tan quieto yazgo en mi lecho que cualquiera que me viese podría imaginar que estoy muerto, podría estremecerse al mirarme creyéndome muerto.

El lamentarse y gemir, los llantos y los suspiros, fueron aplacados; y con ellos el horrible palpitar del corazón. ¡Ah , ese horrible, horrible palpitar!

Los mareos, las náuseas, el dolor implacable, cesaron con la fiebre que laceraba mi cerebro, con la fiebre llamada vivir que quemaba mi cerebro.

Se calmó también la tortura, de todas la peor: esa horrible tortura de la sed por las aguas mortales del río maldito de la Pasión; pues para ello he bebido de un agua que apaga toda sed.

De un agua que fluye con un murmullo de canción de cuna; una fuente que yace pocos metros bajo la tierra; de una cueva que se halla muy cerca del suelo.

Que no se diga neciamente que mi morada es oscura y angosto mi lecho; pues jamás hombre alguno durmió en lecho distinto, y todos ustedes, para dormir, dormirán en un lecho idéntico.

Mi espíritu atormentado descansa blandamente, olvidando, jamás añorando sus rosas; sus viejos anhelos de mirtos y rosas.

Pues ahora, mientras yace apaciblemente, se imagina alrededor un aroma más sagrado; un aroma de pensamientos, un aroma de romero mezclado con pensamientos, con las hojas de ruda y los hermosos y humildes pensamientos.

Y así yace en paz, sumido en el sueño sin fin de la verdad y la belleza de Annie, anegado entre las trenzas de Annie.

Ella me besó delicadamente, ella me acarició con ternura, y yo me dormí suavemente sobre su seno, profundamente dormido en el cielo de su seno.

Cuando la luz se extinguió, ella me tapó cuidadosamente, y rogó a los ángeles que me protegiesen de todo mal: a la reina de los ángeles que me guardara de todo mal.

Y tan quieto permanezco tendido en mi lecho (sabiendo el amor de ella), que ustedes imaginan que estoy muerto; y tan apaciblemente reposo en mi lecho (con el amor de ella en mi seno), que imaginan que estoy muerto, se estremecen al mirarme creyéndome muerto.

¡Pero mi corazón es más brillante que las estrellas que salpican en miríadas el cielo, pues brilla con Annie, resplandece con el amor de mi Annie, con el pensamiento de la luz de los ojos de mi Annie!

AMOR TARDÍO, DE JOSÉ ÁNGEL BUESA.


Tardíamente, en el jardín sombrío,
tardíamente entró una mariposa,
transfigurando en alba milagrosa
el deprimente anochecer de estío.

Y, sedienta de miel y de rocío,
tardíamente en el rosal se posa,
pues ya se deshojó la última rosa
con la primera ráfaga de frío.

Y yo, que voy andando hacia el poniente,
siento llegar maravillosamente,
como esa mariposa, una ilusión;

pero en mi otoño de melancolía,
mariposa de amor, al fin del día,
qué tarde llegas a mi corazón...

martes, 6 de diciembre de 2011

EL PASO DEL AMOR, DE ELIZABETH SIDDAL.


¡Oh Dios! Perdona que haya hundido mi vida
En un oscuro Sueño de Amor.
¿Las lágrimas de la angustia alguna vez
Lavarán la pasión de mi sangre?

El Amor custodia mi corazón
En un canto de alegría,
Mi pulso tiembla con su melodía;
Mientras las frías ráfagas del invierno soplan
Sobre mi, como una dulce brisa de junio.

El Amor flota sobre las brumas del amanecer,
Y descansa en los rayos del crepúsculo;
Él calmó el trueno de la tormenta
E iluminó todos mis sentidos.

El Amor me sostiene a través del día,
Y en sueños me acompaña por las noches,
Ningún mal puede acechar mi vida,
Pues mi espíritu es ligero como las flores.

¡Oh Cielo! Piedad por mi corazón inocente,
El paso del tiempo quebró ese placer diario,
El ídolo fue arrastrado por la corriente,
Destrozando para siempre mi santuario.

lunes, 5 de diciembre de 2011

NEMESIS, DE H. P. LOVECRAFT.


A través de las puertas del sueño custodiadas por los ghoules,
Más allá de los abismos de la noche iluminados por la pálida luna,
He vivido mis vidas sin número,
He sondeado todas las cosas con mi mirada;
Y me debato y grito cuando rompe la aurora, y me siento
Arrastrado con horror a la locura.

He flotado con la tierra en el amanecer de los tiempos,
Cuando el cielo no era más que una llama vaporosa;
He visto bostezar al oscuro universo,
Donde los negros planetas giran sin objeto,
Donde los negros planetas giran en un sordo horror,
Sin conocimiento, sin gloria, sin nombre.

He vagado a la deriva sobre océanos sin límite,
Bajo cielos siniestros cubiertos de nubes grises
Que los relámpagos desgarran en múltiples zigzags,
Que resuenan con histéricos alaridos,
Con gemidos de demonios invisibles
Que surgen de las aguas verdosas.

Me he lanzado como un ciervo a través de la bóveda
De la inmemorial espesura originaria,
Donde los robles sienten la presencia que avanza
Y acecha allá donde ningún espíritu osa aventurarse,
Y huyo de algo que me rodea y sonríe obscenamente
Entre las ramas que se extienden en lo alto.

He deambulado por montañas horadadas de cavernas
Que surgen estériles y desoladas en la llanura,
He bebido en fuentes emponzoñadas de ranas
Que fluyen mansamente hacia el mar y las marismas;
Y en ardientes y execrables ciénagas he visto cosas
Que me guardaré de no volver a ver.

He contemplado el inmenso palacio cubierto de hiedra,
He hollado sus estancias deshabitadas,
Donde la luna se eleva por encima de los valles
E ilumina las criaturas estampadas en los tapices de los muros;
Extrañas figuras entretejidas de forma incongruente
Que no soporto recordar.

Sumido en el asombro, he escrutado desde los ventanales
Las macilentas praderas del entorno,
El pueblo de múltiples tejados abatido
Por la maldición de una tierra ceñida de sepulcros;
Y desde la hilera de las blancas urnas de mármol persigo
Ansiosamente la erupción de un sonido.

He frecuentado las tumbas de los siglos,
En brazos del miedo he sido transportado
Allá donde se desencadena el vómito de humo del Erebo;
Donde las altas cumbres se ciernen nevadas y sombrías,
Y en reinos donde el sol del desierto consume
Aquello que jamás volverá a animarse.

Yo era viejo cuando los primeros Faraones ascendieron
Al trono engalanado de gemas a orillas del Nilo;
Yo era viejo en aquellas épocas incalculables,
Cuando yo, sólo yo, era astuto;
Y el Hombre, todavía no corrompido y feliz, moraba
En la gloria de la lejana isla del Ártico.

Oh, grande fue el pecado de mi espíritu,
Y grande es la duración de su condena;
La piedad del cielo no puede reconfortarle,
Ni encontrar reposo en la tumba:
Los eones infinitos se precipitan batiendo las alas
De las despiadadas tinieblas.

A través de las puertas del sueño custodiadas por los ghoules,
Más allá de los abismos de la noche iluminados por la pálida luna,
He vivido mis vidas sin número,
He sondeado todas las cosas con mi mirada;
Y me debato y grito cuando rompe la aurora, y me siento
Arrastrado con horror a la locura.

domingo, 4 de diciembre de 2011

LAS CAMPANAS, DE EDGAR ALLAN POE.


I.Escuchad a los trineos con las campanas,
¡Plateadas campanas!
¡Qué mundo de alegrías predicen sus melodías!
¡Cómo cantan, cantan, cantan,
En el aire helado de la noche!
Mientras las estrellas que centellean,
A través del cielo, parecen parpadear
Con un placer cristalino;
Manteniendo el tiempo, tiempo, tiempo,
En una especie de rúnico tempo
En aquella esa sinfonía de musical tonada,
De aquellas campanas, campanas, campanas,
Campanas, campanas, campanas,
Del vibrar y repicar de las campanas.
II.Escuchad las suaves campanas nupciales,
¡Doradas campanas!
¡Qué mundo de felicidad predice su armonía
En el aire fragante de la noche!
¡Cómo comparten por el mundo su delicia!
Desde el dorado fundido de sus notas,
Y todo en sintonía,
El líquido poema flota,
Para la novia que escucha, mientras se regocija
Sobre la luna.
¡Oh, desde las sonoras celdas
Qué fuente de voluminosa fascinación suena!
¡Cómo se dilata!
¡Cómo reposa
En el futuro! Cómo lo hace
El arrebato que excita
El balanceo y el repiqueteo
De las campanas, campanas, campanas,
Campanas, Campanas, Campanas;
Del ritmo y el estremecimiento de las campanas.
III.Escuchad las sonoras campanas,
¡Broncíneas campanas!
¡Qué historia de terror cuenta ahora su turbulencia!
En el alarmado oído de la noche
¡Cómo gritan su espanto!
Demasiado asustadas para hablar,
Sólo pueden chillar, chillar
Fuera de tono,
Invocando clamorosamente por la piedad del fuego,
En una demente discusión con el sordo y frenético fuego,
Que asciende alto, alto, alto,
Con un desesperado deseo,
Y con ánimo resuelto
Ahora, ubicarse ahora, o nunca,
Junto al pálido rostro de la luna.
¡Oh, las campanas, campanas, campanas!
¡Qué historia nos cuenta
Su Desesperado Terror!
¡Cómo rechinan, chocan y rugen!
¡Qué horror derraman
Sobre el pecho del aire palpitante!
Sin embargo el oído, comprende cabalmente,
Por su tañido,
Por su resonar,
Cómo se abate y eleva el peligro;
Claramente lo distingue el oído,
En el torcer,
En el balancear,
Cómo se hunde y asciende el peligro
Por el cansancio o la ira de las campanas,
De las campanas,
De las campanas, campanas, campanas,
Campanas, campanas, campanas.
¡En el estrépito y el clamor de las campanas!
IV.Escuchad el tañido de las campanas.
¡Campanas de hierro!
¡Qué mundo de solemnes pensamientos nos sugiere su monotonía
En el silencio de la noche!
¡Cómo temblamos de miedo
Con la melancólica promesa de su tono!
Pues cada sonido que flota
Del óxido de sus gargantas,
Es un gemido.
Y la gente -ah, la gente-
Que habita sobre el campanario,
Sola,
Y que gira, gira, gira
En ese ahogado y monótono sonido,
Sienten la gloria al lanzar
Una roca en el corazón humano.
Ellos no son hombre ni mujer,
Ellos no son salvajes ni humanos,
Ellos son Ghouls;
Y su rey es quién balancea,
Y golpea, golpea, golpea
Su himno sobre las campanas.
Y él baila y grita,
Marcando el tiempo, tiempo, tiempo;
En una especie de rúnico tempo
Del palpitar de las campanas;
De las campanas, campanas, campanas;
Del lamento de las campanas,
Guardando el tiempo, tiempo, tiempo,
Tocando súbito, súbito, súbito;
En un feliz ritmo rúnico,
Al estrépito de las campanas.
De las campanas, campanas, campanas;
Al balanceo de las campanas;
De las campanas, campanas, campanas,
Campanas, campanas, campanas.
Al quejido y lamento de las campanas.

viernes, 2 de diciembre de 2011

PODRÍA ESTAR MÁS SOLA, DE EMILY DICKINSON.

Podría estar más sola sin mi Soledad,
tan habituada estoy a mi destino,
tal vez la otra paz,
podría interrumpir en la oscuridad
y llenar los vacíos del pequeño cuarto,
demasiado exiguo en su medida
para contener el sacramento de él,
no estoy habituada a la esperanza,
podría entrometerse en su dulce ostentación,
violar el lugar ordenado para el sufrimiento,
sería más fácil fallecer con la tierra a la vista,
que conquistar mi azul península,
perecer de deleite.