sábado, 7 de mayo de 2011
jueves, 5 de mayo de 2011
AMOR CONSTANTE MÁS ALLÁ DE LA MUERTE, DE FRANCISCO DE QUEVEDO.
Cerrar podrá mis ojos la postrera
Sombra que me llevare el blanco día,
Y podrá desatar esta alma mía
Hora, a su afán ansioso lisonjera;
Mas no de esotra parte en la ribera
Dejará la memoria, en donde ardía:
Nadar sabe mi llama el agua fría,
Y perder el respeto a ley severa.
Alma, a quien todo un Dios prisión ha sido,
Venas, que humor a tanto fuego han dado,
Médulas, que han gloriosamente ardido,
Su cuerpo dejará, no su cuidado;
Serán ceniza, mas tendrá sentido;
Polvo serán, mas polvo enamorado.
Sombra que me llevare el blanco día,
Y podrá desatar esta alma mía
Hora, a su afán ansioso lisonjera;
Mas no de esotra parte en la ribera
Dejará la memoria, en donde ardía:
Nadar sabe mi llama el agua fría,
Y perder el respeto a ley severa.
Alma, a quien todo un Dios prisión ha sido,
Venas, que humor a tanto fuego han dado,
Médulas, que han gloriosamente ardido,
Su cuerpo dejará, no su cuidado;
Serán ceniza, mas tendrá sentido;
Polvo serán, mas polvo enamorado.
martes, 3 de mayo de 2011
LA LUNA Y LA ROSA, DE MIGUEL DE UNAMUNO.
En el silencio estrellado
la Luna daba a la rosa
y el aroma de la noche
le henchía sedienta boca
el paladar del espíritu,
que adurmiendo su congoja
se abría al cielo nocturno
de Dios y su Madre toda...
Toda cabellos tranquilos,
la Luna, tranquila y sola,
acariciaba a la Tierra
con sus cabellos de rosa
silvestre, blanca, escondida...
La Tierra, desde sus rocas,
exhalaba sus entrañas
fundidas de amor, su aroma...
Entre las zarzas, su nido,
era otra luna la rosa,
toda cabellos cuajados
en la cuna, su corola;
las cabelleras mejidas
de la Luna y de la rosa
y en el crisol de la noche
fundidas en una sola...
En el silencio estrellado
la Luna daba a la rosa
mientras la rosa se daba
a la Luna, quieta y sola.
la Luna daba a la rosa
y el aroma de la noche
le henchía sedienta boca
el paladar del espíritu,
que adurmiendo su congoja
se abría al cielo nocturno
de Dios y su Madre toda...
Toda cabellos tranquilos,
la Luna, tranquila y sola,
acariciaba a la Tierra
con sus cabellos de rosa
silvestre, blanca, escondida...
La Tierra, desde sus rocas,
exhalaba sus entrañas
fundidas de amor, su aroma...
Entre las zarzas, su nido,
era otra luna la rosa,
toda cabellos cuajados
en la cuna, su corola;
las cabelleras mejidas
de la Luna y de la rosa
y en el crisol de la noche
fundidas en una sola...
En el silencio estrellado
la Luna daba a la rosa
mientras la rosa se daba
a la Luna, quieta y sola.
lunes, 2 de mayo de 2011
ALASTOR, O EL ESPÍRITU DE LA SOLEDAD, DE PERCY SHELLEY.
¡Tierra, Océano, Aire, amada hermandad!
Si nuestra gran Madre ha impregnado mi voluntad
Con algo de piedad para sentir su amor,
Y recompensa con el mío su favor,
Si la mañana rociada, y el mediodía fragante, y más aún,
El crepúsculo y sus magníficos ministros,
Y el cosquilleo de la medianoche solemne y silenciosa;
Si el aullido del Otoño que suspira en la madera,
Y el traje del invierno se corona con la pureza
Del hielo estrellado sobre la hierba cana y las ramas desnudas;
Si el jadeo voluptuoso de la Primavera cuando respira
Sus primeros besos dulces, -tan caros para a mí-;
Si ningún pájaro brillante, insecto, o bestia apacible
Deliberadamente he perjudicado, y, en cambio, he visto
En ellos a mi propia raza; entonces, perdonad
Esta jactancia, queridos hermanos,
y conservad para mi una porción de vuestros favores.
Si nuestra gran Madre ha impregnado mi voluntad
Con algo de piedad para sentir su amor,
Y recompensa con el mío su favor,
Si la mañana rociada, y el mediodía fragante, y más aún,
El crepúsculo y sus magníficos ministros,
Y el cosquilleo de la medianoche solemne y silenciosa;
Si el aullido del Otoño que suspira en la madera,
Y el traje del invierno se corona con la pureza
Del hielo estrellado sobre la hierba cana y las ramas desnudas;
Si el jadeo voluptuoso de la Primavera cuando respira
Sus primeros besos dulces, -tan caros para a mí-;
Si ningún pájaro brillante, insecto, o bestia apacible
Deliberadamente he perjudicado, y, en cambio, he visto
En ellos a mi propia raza; entonces, perdonad
Esta jactancia, queridos hermanos,
y conservad para mi una porción de vuestros favores.
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