domingo, 14 de septiembre de 2014

TAEDIUM VITAE (TEDIO VITAL), DE OSCAR WILDE.


Matar mi juventud con dagas ansiosas; ostentar
la librea extravagante de esta edad mezquina;
dejar que cada mano vil se hunda en mi tesoro;
trenzar mi alma al cabello de una mujer
y ser sólo un siervo de Fortuna. Lo juro,
¡no me agrada! Todo eso es menos para mí
que la fina espuma que se inquieta en el mar,
menos que el vilano sin semilla
en el aire estival. Mejor permanecer lejos
de esos necios que con calumnias se burlan de mi vida,
aunque no me conozcan. Mejor el más modesto techo
para abrigar al peón más abatido
que volver a esa cueva oscura de guerras,
donde mi alma blanca besó por vez primera la boca del pecado.

domingo, 31 de agosto de 2014

REVERSIBILIDAD, DE CHARLES BAUDELAIRE.


Ángel lleno de gozo, ¿sabes lo que es la angustia,
  la culpa, la vergüenza, el hastío, los sollozos
  y los vagos terrores de esas horribles noches
  que al corazón oprimen cual papel aplastado?
Ángel lleno de gozo, ¿sabes lo que es la angustia?

Ángel de bondad lleno, ¿sabes lo que es el odio,
  las lágrimas de hiel y los puños crispados,
  cuando su infernal voz levanta la venganza
  ven capitán se erige de nuestras facultades?
Ángel de bondad lleno: ¿sabes lo que es el odio?

Ángel de salud lleno, ¿sabes lo que es la fiebre,
  que a lo largo del muro del lechoso hospital,
  como los exiliados, marcha con pie cansino,
  en pos del sol escaso y moviendo los labios?
Ángel de salud lleno, ¿sabes lo que es la Fiebre?

Ángel de beldad lleno, ¿sabes de las arrugas?
¿Y el miedo a envejecer, y ese odioso tormento
  de leer el secreto horror del sacrificio
  en ojos donde un día los nuestros abrevaron?
Ángel de beldad lleno, ¿sabes de las arrugas?

¡Ángel lleno de dicha, de luz y de alegría!
David agonizante curación pediría
  a las emanaciones de tu cuerpo hechicero;
  pero de ti no imploro, Ángel, sino plegarias,
¡Ángel lleno de dicha, de luz y de alegría!

viernes, 15 de agosto de 2014

SED NON SATIATA, DE CHARLES BAUDELAIRE.


Extravagante deidad, oscura como las noches,
 con perfume mezclado de almizcle y de habano,
 obra de algún obi, el Fausto de la sabana,
 hechicera con ijares de ébano, engendro de negras medias noches,

 yo prefiero a la constancia, al opio, a las noches,
 el elixir de tu boca donde el amor se pavonea;
 cuando hacia ti mis deseos parten en caravana,
 tus ojos son la cisterna donde beben mis hastíos.

Por esos dos grandes ojos negros, tragaluces de tu alma,
¡oh, demonio sin piedad! vierte sobre mí menos fuego;
 que no soy el Estigio para abrazarte nueve veces,

¡ay! y no puedo, Megera libertina,
 para quebrar tu coraje y dejarte en las últimas,
 en el infierno de tu lecho volverme Proserpina.