domingo, 10 de octubre de 2010

SUEÑO NUPCIAL, DE DANTE GABRIEL ROSSETTI.


Con cálida aflicción, al fin se deshizo el largo beso:
y como las últimas gotas repentinas caen
del resplandeciente alero cuando la tormenta ha huido,
a solas vaciló el latir de sus corazones.
Sus pechos se apartaron, con el brotar abierto
de las flores nupciales a su lado, extendidas
desde el tallo unido, más aún sus bocas ardiendo
se acariciaron donde yacían separadas.

El sopor los hundió más profundamente que la marea
de los sueños, y sus sueños los vieron sumergirse
y escapar. Delicadas sus almas flotaron de nuevo
por esplendores acuáticos, y, ahogados, grises
objetos del día; hasta que por un prodigio
de leños nuevos y corrientes él se despertó y más
se maravilló: pues ella estaba a su lado.

miércoles, 6 de octubre de 2010

WHERE IS THE LOVE? THE BLACK EYED PEAS.

ACUÉRDATE DE MÍ, DE LORD BYRON.

Llora en silencio mi alma solitaria,
excepto cuando esté mi corazón
unido al tuyo en celestial alianza
de mutuo suspirar y mutuo amor.

Es la llama de mi alma cual aurora,
brillando en el recinto sepulcral:
casi extinta, invisible, pero eterna...
ni la muerte la puede mancillar.

¡Acuérdate de mí!... Cerca a mi tumba
no pases, no, sin regalarme tu plegaria;
para mi alma no habrá mayor tortura
que el saber que has olvidado mi dolor.

Oye mi última voz. No es un delito
rogar por los que fueron. Yo jamás
te pedí nada: al expirar te exijo
que sobre mi tumba derrames tus lágrimas.

EL CORSARIO, DE LORD BYRON.


En el fondo mi alma lleva un tierno secreto
solitario y perdido, que yace durmiendo;
pero a veces, mi pecho al tuyo respondiendo,
como antes sufre y tiembla de amor, desesperado.

Ardiendo en pausada llama, eterna pero oculta,
hay en su centro como una candela fúnebre,
pero su luz parece no haber brillado jamás:
ni alumbra ni combate mi oscura situación.

¡No me olvides!... Si algún día pasas por mi tumba,
tu pensamiento reclina apenas en mí, perdido.
El dolor que mi pecho no venciera, el único,
es pensar que en el tuyo pudiera encontrar olvido.

Escucha, alucinadas, tímidas, mis últimas palabras-
la virtud a los muertos no niega esa merced;
dame... cuanto pedí. Dedícame una lágrima,
¡la sola recompensa en pago de tu amor!...