viernes, 19 de agosto de 2011

LAUSTIC, DE MARÍA DE FRANCIA.

 Laustic significa Ruiseñor en celta bretón, y aunque estamos frente a un solemne poema romantico, esto no impide que la temática sea tan actual como extraña en un poema celta de aquella época (finales del siglo XII). Aquí, una dama engaña a su marido con el vecino. Por las noches, cuando su esposo duerme, ella habla con su amado escuchando el canto del ruiseñor. Cierto día, impulsado por la ira, este marido engañado mata al pájaro creyendo que este es el culpable de las dilatadas vigilias de su dama.

Laustic.
Os contaré una aventura
de la que los bretones un romance compusieron;
Laustic es su nombre, así dijeron
-así se llama en aquel país-,
es el Rossignol en francés
y Nightingale en perfecto inglés.
En Sain Malo la encontré,
fue una ciudad renombrada.
Dos caballeros allí habitaban
en dos casas próximas.
El uno tenía mujer,
prudente, cortés y encantadora.
El otro era estudiante,
muy célebre por sus hazañas.
Amó a la mujer de su vecino,
tanto la solicitó, tanto la suplicó,
y tan intensamente la sintió
que ella enseguida lo retribuyó.
Se amaron con prudencia,
mucho cuidaron su secreto,
no fueron molestados ni difamados.
Próximas estaban sus casas,
sus miradores, sus salas:
no había obstáculo ni empalizada
que los separara.
Donde por la noche o por el día
juntos pudiesen hablar;
nadie los podía observar.
Largo tiempo se amaron,
tanto que los campos reverdecieron
y los huertos florecieron.
Los pájaros, con gran dulzor,
llevan su alegría bajo la flor;
quien entienda esta astucia
entenderá el amor.
Cuando la luna brilla, frustrada,
ella a menudo se levanta,
se disfraza bajo su manto.
Una cosa se ha de pensar,
que es el ruiseñor quien la llama.
Pronto, no hay criado que no haga trampas,
teja redes y cuerdas,
No hay avellano ni castaño
donde no pongan lazos.
Atraparon al ruiseñor y lo llevaron a su amo.
¡Venid, señora! atrapado está el ruiseñor
por el que tanto habéis velado.
En paz podrás reposar,
el ruiseñor nunca más despertará.
La dama lo escuchó con dolor,
pero por las noches siguió sus paseos.
Su marido muchas veces la reprendió,
y ella respondía que en este mundo
no hay alegría mayor
que escuchar el canto del ruiseñor.
Con irritación le arrojó las plumas,
el cuerpo ensangrentado,
y salió de la habitación.
La dama tomó el pequeño cuerpo,
llora y maldice a los hacedores de trampas,
los tejedores de lazos y cuerdas.
"No podré por las noches sentarme en la ventana,
donde solía ver a mi amigo".
En dorado paquete envolvió el cuerpo,
bordado en oro envió el mensaje.
Ante el caballero de al lado
llega el cadáver del ruiseñor.
Dolido por el acontecimiento,
hizo forjar un estuche,
sin hierros ni aceros,
todo en oro fino y aros selectos,
con hilos bien sujeto,
escondió al ruiseñor,
y desde entonces lo lleva sobre el pecho.

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